August 2010
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July 2010
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-Yo te prometo un para siempre, ¿tu me lo prometes?
-Eso es demasiado tiempo, todo se puede torcer y podemos acabar odiándonos.
-Bueno, aunque te odie, si me necesitas iré.
-No lo creo…si me odias no me querrás ver…
-Pues cierro los ojos.
-No me querrás oír.
-Pues no te dejare hablar…
-¿Entonces?
-Te abrazaré y te diré…¿Te acuerdas de aquella tarde que te prometi un parasiempre? lo decia enserio.
Llevaba un tiempo esperando, así que decidió tomar asiento. Se acerco a la pequeña banca de madera al lado del camino, dejo la bolsa de viaje a un lado, y tomó asiento. Observo hacia ambos lados del camino; a su derecha se encontraba aquel camino por el que había llegado, era recto y se perdía en el horizonte, entre grandes y frondosos árboles que lo guardaban. A su izquierda el sendero comenzaba a tener subidas y bajadas, puentes y algunas curvas.
Quedo pensativa por un rato admirando el camino, hasta que por primera vez prestó atención hacia los interminables pastizales que bordeaban el sendero. Los pastos eran altos, dorados y pareciese que bailaran con el viento. Los árboles que daban sombra eran frondosos y de un verde encantador junto con los rayos de luz que dejaban pasar con el soplar del viento.
Se percato de la presencia de aquella carta entre sus manos. Estaba dentro del sobre blanco, que solo tenia finamente escrito su nombre, con una letra pulcra y estilizada. Desde que la vio por primera vez supo de inmediato que pertenecía a aquel muchacho con quien solía intercambiar escritos. Sin embargo, esta carta era la más corta que jamás hubiera recibido, solo tenia una fecha, un lugar y un “Aguarda por mi”. El solo recordarlo hizo que estrechara la carta hacia su pecho. No podía hacer nada más para intentar llenar ese vacío que sentía.
Se encontraba absorta en sus pensamientos, cuando una corriente de aire elevo su cabello negro y liso para bailotear sobre su cabeza. Comenzó a reír en voz baja y alzó la mirada aun llorosa. Saco una libreta y comenzó a escribir. se puso su sombrero blanco de ala ancha, tomo su bolsa, dejo una nota sobre la banca y comenzó a caminar, esta vez entre los pastos. Decidió que todo lo que podía hacer era imaginar. Imaginar que llegaría a su destino; imaginar que lograría sus objetivos; imaginar que al regresar encontraría a alguien con quien bailar, tal y como hace el viento cuando llega a un nuevo lugar.
De nada sirve que te pongas tu mejor vestido,
o que pierdas 2 horas arreglándote.
Que intentes parecer la mejor persona del mundo,
ni que estés siempre disponible para él.
Que le cuides como nadie,
o que le quieras como nadie más lo hará.
Que le trates como no tratas ni a tu perro,
ni que le hagas las mejores mamadas del mundo.
Si no te quiere ahora, nunca te querrá.
1 am Bostezo mientras se desliza una lágrima en mi mejilla. Sí, uso de pretexto al sueño para ocultar la tristeza de que no estás a mi lado.